miércoles, 25 de noviembre de 2009

Independizarse, crecer.

El término independizarse entre otras palabras quiere decir DEJAR DE DEPENDER. Este hecho de no necesitar del otro para valernos por nosotros mismos a su vez nos hace CRECER y aprender a manejarnos por nuestros propios medios.
La situación puede asociarse a varios momentos y relaciones humanas de nuestra vida, ya sea con nuestros padres, otros seres queridos o hasta una pareja.
Muchas veces existen o se generan relaciones de dependencia que a la larga se vuelven costumbre y nos hacen mal. Depender con el tiempo lastima, nos anula y nos impide aprender. Después de mucho tiempo de dependencia o luego de una dependencia muy notoria, el golpe al quedar solo, a la deriva, sin nadie que nos guíe es mucho más doloroso y más difícil de transitar.
Yo soy de esas personas que se aferra a alguien o algo siempre. Siento la necesidad de que alguien esté a mi lado siguiendo mis pasos, alguien con quien compartirlo todo. Y así, a consecuencia de este "síndrome de dependencia", vivo de golpe en golpe aferrándome a personas equivocadas o personas que por determinados motivos a la larga o a la corta me terminan dejando o simplemente desaparecen. Es como si el recurrente miedo a la soledad me hiciera recaer en esa dependencia.
No se disfrutar de la soledad, me cuesta no estar pendiente de los demás, tengo la necesidad de preocuparme por mis seres queridos siempre y a veces no se hasta que punto eso es bueno.
Ejemplos tengo miles, comenzando desde la relación tan allegada que tenía con mi viejo, "mi malcriador especializado" que hasta el último dia de su vida siempre me dio con los gustos y se desvivió por mí; o mi hermano mayor y padrino con quien desde chico tuve una dependencia y admiración muy particular; mis amores de la infancia y amigos con los que interactué y formé una relación especial; y con personas más recientes a las cuales me aferré en estos meses de dolor...
Con todos ellos de alguna manera u otra terminé sufriendo al perderlos. La muerte de mi viejo, la partida de mi hermano hacia el sur, mi cambio hacia otro colegio y el alejamiento de mis amigos y compañeros de primaria; amores no correspondidos; peleas y distanciamientos con parejas... En fin, hoy en día que siento que por primera vez no dependo de nadie puedo decir que uno de mis grandes defectos es aferrarme demasiado a la gente y no aprender a disfrutar de la vida solo. Admito que tengo la sensación de estar perdido, de no saber a donde ir, por qué camino tomar, cómo seguir, pero no voy a desesperarme ni deprimirme. Tengo mucho por aprender, muchos objetivos y sueños por alcanzar y creo que poco a poco voy superándome día a día.
Sé la clase de persona que soy, estoy en paz conmigo mismo y sé que la gente que de verdad me quiere y sabe lo que valgo jamás me va a dejar. NO VOY A DEPENDER MÁS, de ahora en adelante quiero ser feliz en base a mi propio esfuerzo y VOY A CRECER, madurar para así poder disfrutar de la vida y hacer las cosas que verdaderamente me gustan. Hoy en día creo saber cual es el camino, y me alegra estar parado en la bocacalle para emprender el viaje...

martes, 3 de noviembre de 2009


Quiero ser feliz.
Quiero dejar de ser un 0 a la izquierda.
Quiero pensar una vez en mí y dejar de pensar siempre primero en los demás.
Quiero que me quieran y me lo demuestren.
Quiero quererme.
Quiero valorarme y hacerme valorar.
Quiero ser escuchado y que los demás sientan la necesidad de que los escuche.
Quiero poder confiar plenamente en alguien y que ese alguien confíe ciegamente en mí.
Quiero que las personas con malos sentimientos dejen de infectar la sociedad con su mugre.
Quiero que me entiendan o al menos hagan el esfuerzo de hacerlo.
Quiero que el miedo no me paralice.
Quiero poder solucionar los problemas que que se me cruzan.
Quiero vivir para contarlo y no morir en el intento.
Quiero ser la razón de vivir de alguien.
Quiero sentirme pleno.
Quiero emocionarme hasta las lágrimas.
Quiero reir hasta las lágrimas.
Quiero que todo lo que uno quiera sea posible.

ME CANSE DE QUERER Y NO PODER.-

lunes, 2 de noviembre de 2009

El miedo.

No entender, no razonar, no poder ver más allá de los hechos, anularte y seguir adelante a ciegas con más fuerza es una reacción inmediata ante el miedo.
Sentir miedo es algo espantoso, no tiene semejanza con ningún otro sentimiento. Te paraliza, te engaña, nos desdibuja la imagen real de lo que verdaderamente es. Tener miedo no es de cobardes, tener miedo es demostrar importancia por algo, confirmar que somos seres espirituales que sentimos y actuamos en defensa de eso que nos importa.
Muchas veces actuar movidos por el miedo nos lleva por caminos poco felices, nos empuja hace un precipicio de equivocaciones y terminamos por el contrario de defender, dañando o perdiendo aquello que tanto queremos.
Otras veces, ni siquiera eso. Quedamos pasmados ante esa fría sensación que nos deja en off site sin posibilidad de reacción, dejando ir lo esencial por culpa de ese sentimiento tan cruel y aterrador que es el miedo.
¿De dónde viene el miedo? Nunca encontré una respuesta que me deje 100% satisfecho, sin embargo, creo que es muy factible que es algo que se fecunda en nuestro interior y se va alimentando de motivos y razones que nos hacen pensar que algo malo puede llegar a suceder referente a aquello que nos importa o nos hace bien.
El miedo es un enemigo audaz y muy avasayador, pero no invencible. Cuesta, y mucho lograr dominarlo y estirparlo de nosotros mismos. Es luchar contra nuestros propios sentimientos, ir contra nuestros propios fantasmas.
Es posible ganarle la pulseada. Admito que mi brazo está cansado, pero la lucha aún no termina... Continúa día a día.

martes, 13 de octubre de 2009

Uno es dueño de lo que dice y esclavo de lo que calla.-

"¿Sabés a dónde van las palabras que no se dijeron? ¿A dónde va lo que querés hacer y no hacés? ¿A dónde va lo que querés decir y no decís? ¿A dónde va lo que no te permitís sentir? Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. Lo que no decimos se transforma en debe, en deuda, en asignatura pendiente. Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración. Lo que no decimos no muere, lo que no decimos nos mata. Se transforma en trauma, en veneno que daña el alma. Lo que no decís te encierra en el pasado. Lo que no decimos se transforma en una herida abierta."

sábado, 10 de octubre de 2009

Abanico de emociones.

Parpadear una o dos veces nos cambia el contexto de lo que estamos viendo. Es esencial fijar la mirada para darnos cuenta contra que nos estamos enfrentando o si estamos a la defensiva sin motivos.
Son miles de momentos en que la vida nos pone a prueba. La palabra nos da la posibilidad del dasahogo o de compartir lo que uno siente.
Los oídos no pueden escuchar ni la lengua puede describir las torturas de ese infierno interior que es nuestra propia conciencia, pero cuando el amor está vigente en nosotros la aceptación es nuestro As de espadas.
Alejado de los rencores, descontracturando los nervios, podemos llegar a aceptar que no somos dueños de la verdad, de que es mejor aclarar los malosentendidos a esperar que el tiempo sea injusto y tome partida por un camino equivocado.
Hay que profundizar el conocimiento de nosotros mismos y aceptar que nuestro peor error sería no ser sinceros y cerrarnos en un único e irrefutable pensamiento personal.
Lo inentendible sería justificarse e insertar una ficha más a este juego que sólo se juega desde el alma. No nos condenemos a la irritabilidad exagerada. El rencor, el odio y el silencio complican el juego y ensucian el tablero haciendo tarea difícil avanzar.
No desliguemos culpas, ambos somos parte del momento, uniéndonos lograremos coexistir.
Lo que hoy nos desespera y nos parece importante, trágico, con el tiempo al poder compartirlo juntos nos sorprenderá y nos hará reír superados por haberle dado tanta dimensión a lo que en realidad no la tenía.
Hay que tener la chispa adecuada para estar y tener la palabra justa en el momento indicado. Y más en tiempos donde nadie escucha nada, y todos saben todo.
No olvidemos que el amor es el fracaso del egoísmo, y que disfrutar de los instantes de felicidad le da más sentido a nuestra vida que vivir discutiendo por hechos sin sentido que opacan los matices del sentimiento original.

viernes, 2 de octubre de 2009

Autoboicot a la felicidad.

Los seres humanos a veces solemos ser tan pero tan complicados...
Vivimos buscando ese algo que nos de felicidad, buscamos el paraíso y nunca estamos satisfechos con lo que vamos logrando en el camino. Para peor cuando llega ese algo que con tanto empeño deseamos lo arruinamos con problemas fantasmas o simplemente lo dejamos ir...
Es como si fuéramos seres inconformistas por naturaleza. Nada nos viene bien, y si nos viene bien algo a la larga le encontramos todos los defectos. Es como si uno mismo se autoboicoteara la felicidad, como si no nos permitiésemos disfrutar de la vida, de lo que tenemos, de lo que alcanzamos... ¿Es pecado ser feliz? ¿Existe la felicidad absoluta o son sólo espasmos de felicidad? ¿Nos acostumbramos a sufrir y a vivir en el dolor y por eso cuando nos llega la felicidad la dejamos ir?
A veces todo eso ronda por mi cabeza y no encuentro respuesta alguna. Sólo bronca e impotencia, y tal vez la imposición de una nueva meta de proponerme a mí mismo mirar a mi alrededor y ver lo afortunado que soy de tener una familia, amigos, un amor, un techo, comida, un perro, y miles y miles de cosas fundamentales y también cosas simples que hacen a uno un poquito más feliz todos los días, siendo que hay tanta gente carenciada en el mundo y con pesares mucho más traumáticos para sufrir.
Hoy en día la carencia es moneda corriente. Tanto en lo material, la pobreza, la miseria, la marginalización; así como en lo afectivo, la soledad, la tristeza, el rencor, la envidia... Todos somos carentes de algo y vivimos haciendonos drama por ese algo que nos falta, opacando todo eso que por poco que sea nos da felicidad con la ausencia de lo que no tenemos. Quizás uno no se da cuenta de lo mucho o poco que tiene, quizás sea más fácil enumerar lo que nos falta que lo que tenemos. Muchas veces las personas dicen no tener nada, o que ya sin fuerzas lo perdieron todo, pero eso es totalmente erróneo según mi parecer. Nunca se tiene nada, siempre se tiene algo. El hecho de tenerse a uno mismo ya es bastante, el hecho de existir, de ser alguien, de tener una vida para forjarla y vivir, respirar, sentir. La naturaleza es otro factor que muchos olvidan. Y miles de cosas que por más simple que parezcan son de gran importancia y hacen a la felicidad. Solemos olvidarnos de todo eso porque al tenerlo todos los días ya se nos hace costumbre, pero el día en que no tengamos vida, ni naturaleza, ni todas esas simples cosas que nos da este mundo, ese día si podremos decir no tener nada y ahogarnos en tristeza.
Detengámonos un segundo a pensar en lo que tenemos, disfrutemos de esas cositas que por más efímeras que sean nos roban una sonrisa, abrazá a una persona que querés y decíselo, acariciale la cabeza a tu mascota por más que estés apurado por salir, y de paso siente el aroma de las flores de tu jardín que tanto color nos regalan en la primavera. Seamos mas simplistas, no seamos tan gruñones ni vivamos del dolor, con el sólo hecho de sonreir ya le estamos alegrando la vida a alguien más. "Vive la vida segundo a segundo, y encontrarás en cada uno de ellos una razón para seguir viviendo".

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Un nuevo amanecer.

A veces la noche se empeña en hacernos creer que es eterna y nunca vamos a poder volver a ver la luz del día. La niebla, la oscuridad y el frío de las penumbras acechan nuestros sueños y nuestras ilusiones, cegándonos de miedos y tristezas e impidiendo que podamos ser capaces de mirar más allá de todo lo malo que sucede, sin esperanzas de un mañana.
La negatividad, los problemas, el cansancio de luchar y luchar sin obtener resultado alguno, entre otras miles de cosas más que nos debilitan y nos dejan caer en esa frívola y desolada noche de la que tanto nos cuesta salir, se convierten en fieles amigos del infortunio. Todo es negro, no hay salida, o al menos eso es lo que uno piensa hasta que logra divisar ese pequeño destello de luz en el horizonte.
No queremos ilusionarnos, sólo vamos hacia ahí por la curiosidad y porque sabemos que ya no hay nada más que perder... Sensaciones encontradas, nuevos sentimientos surgen de la nada misma conviviendo con esos miedos y desdichas que quedan espectantes ante ese brillo que aparece. Un haz de amor, paz, alegría, felicidad, esperanza, sueños y montones de emociones que habían quedado olvidadas en aquel último día vivido vuelve a alumbrarnos el rostro.
Mis ojos sorprendidos por tanto esplendor luego de tan negra oscuridad vuelven a mostrar ese color intenso con ese brillito especial que nos da el amor. Las cosas cambian inesperadamente, nuevas aventuras emergen con el crepúsculo de una nueva mañana. Despertamos de una larga pesadilla y recobramos esa fuerza para vivir el día a día que ya creiamos perdida.
Cobardes, y sin siquiera despedirse, toda esa maldad que se ocultaba en la noche desaparece para darle paso a la luz de un nuevo amanecer...
Cuando estábamos convencidos de que ya no había más nada para hacer, cuando el dolor te había obligado a tirar la toalla y olvidarte de ser feliz, la sorpresa menos pensada irrumpe en tu vida.
Ilumina sin cesar y cada vez nos envuelve más con su reflejo.
Él es el que se encargará de limpiar todo eso que te hizo sufrir, él acudirá en tu ayuda y te dará ese calorcito que tanto necesitabas, él volverá a levantarte y te enseñará el camino a seguir para acompañarte caminando a tu lado y no abandonarte jamás. Él era el más hermoso y brillante sol que hayas visto en un amanecer. Este nuevo amanecer traia un nuevo sol, uno que jamás habías esperado conocer pero que sin conocerlo lo esperabas ansioso. No era un simple sol.
Era Mi Sol (L)

domingo, 2 de agosto de 2009

El camino más difícil.

Los días iban pasando...

Él sin rumbo y desolado por sus sentimientos encontrados
caminaba sin saber a dónde, como si alguien lo siguiera, paranóico y sin esperanza alguna de poder escapar.
Sin embargo, sabía que a su lado había gente caminando hacia el mismo lugar. Gente que lo ayudaba cuando se detenía o perdía la orientación hacia aquel destino que él desconocía o que le era imposible imaginar. Eran sus amigos. Esos que lo sostenían de un hombro y del otro para evitar que cayera a mitad de camino inmerso en un vacío interior.
Gracias a ellos era que él seguía día a día. Pero había algo que ellos no podían evitar ni cambiar, la incertidumble y el desgano que ese caminante cansado y sin sueños sentía. Él no se rendía pero no entendía a dónde debía llegar, ¿por qué debería seguir caminando si no tenía nada que alcanzar?, ¿qué sentido tenía seguir adelante si quizás estaba caminando por un callejón sin salida o tal vez hacia un abismo?. Silencio, mentes en blanco, preguntas sin respuesta, hojas sin escritura, pensamientos nunca dichos, textos jamás publicados, en fin... Hechos sin sentido, cuestiones existenciales.
Lo único que el pobre caminante pretendía era despreocuparse y sentarse a descansar viendo orgulloso como aquellos amigos, que eran los mejores que podría haber encontrado, caminaban y se esforzaban por alcanzar sus propios destinos. Él era feliz si ellos eran felices, anhelaba y admiraba la cálida vida que llevaban cada uno de ellos y cómo se superaban día a día, sin dejarse intimidar por obstáculos que a diferencia de ellos y salvando la distinción en los obstáculos a este caminante lo habían ganado por cansancio...
Harto de los comienzos, exhausto de volver a empezar, golpeado por enormes barricadas que se opusieron en su camino cuando todavía tenía metas y sueños visibles y posibles de alcanzar, así se encontraba el caminante. Algo había cegado sus ojos impidiendo ver sus objetivos. Hoy sólo actuaba por inercia, por impulso humano de estar vivo pero muerto en vida.
Nadie le había dicho que el camino era fácil, pero tampoco nadie le había advertido que el camino era tan pero tan difícil de caminar.
No encontraba explicaciones ni salidas, o aunque sea una piedra para echarse a descansar por un rato...

El caminante ya no tenía fuerzas y los días iban pasando...


sábado, 25 de julio de 2009

La mentira más mentirosa

A veces uno dice mentiras ya sea para no hacer sufrir o para confundir y disuadir de una verdad que no queremos que salga a la luz. Tal vez por miedo, quizás simplemente por no saber que hacer.
Las mentiras traen oscuridad, las mentiras engañan, aparentan algo que no es la realidad. Una verdad vale más que miles de mentiras, porque la verdad es sana y trae luz a todo.
Sí, ya sé... Muchas verdades duelen, algunas demasiado, pero es lo mejor.
El gran dilema está en la peor de las mentiras, en la mentira más mentirosa, la mentira que se acomete uno a sí mismo. Mentirse a uno mismo es lo peor, es negar lo que no queremos saber... Es refugiarnos en una felicidad ficticia, un "intento de felicidad" que poco a poco va agotando el alma y va opacando los sentimientos hasta dejarte vacío. Es simplemente negar aquello que nos quita el sueño con pesadillas, esas que suelen ser las más aterrantes, las que suceden en nuestra vida cotidiana y salen de lo onírico para acecharnos en vida.
Dicen que no hay peor miedo que el que se siente cuando ya no se siente nada. Hoy puedo decir que ya no quiero seguirme mintiendo ni mintiéndole a los demás. Hoy puedo decir que ya no soporto las pesadillas que me tienen acorralado. Simplemente estoy muerto de miedo...