lunes, 2 de noviembre de 2009

El miedo.

No entender, no razonar, no poder ver más allá de los hechos, anularte y seguir adelante a ciegas con más fuerza es una reacción inmediata ante el miedo.
Sentir miedo es algo espantoso, no tiene semejanza con ningún otro sentimiento. Te paraliza, te engaña, nos desdibuja la imagen real de lo que verdaderamente es. Tener miedo no es de cobardes, tener miedo es demostrar importancia por algo, confirmar que somos seres espirituales que sentimos y actuamos en defensa de eso que nos importa.
Muchas veces actuar movidos por el miedo nos lleva por caminos poco felices, nos empuja hace un precipicio de equivocaciones y terminamos por el contrario de defender, dañando o perdiendo aquello que tanto queremos.
Otras veces, ni siquiera eso. Quedamos pasmados ante esa fría sensación que nos deja en off site sin posibilidad de reacción, dejando ir lo esencial por culpa de ese sentimiento tan cruel y aterrador que es el miedo.
¿De dónde viene el miedo? Nunca encontré una respuesta que me deje 100% satisfecho, sin embargo, creo que es muy factible que es algo que se fecunda en nuestro interior y se va alimentando de motivos y razones que nos hacen pensar que algo malo puede llegar a suceder referente a aquello que nos importa o nos hace bien.
El miedo es un enemigo audaz y muy avasayador, pero no invencible. Cuesta, y mucho lograr dominarlo y estirparlo de nosotros mismos. Es luchar contra nuestros propios sentimientos, ir contra nuestros propios fantasmas.
Es posible ganarle la pulseada. Admito que mi brazo está cansado, pero la lucha aún no termina... Continúa día a día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario