miércoles, 2 de septiembre de 2009

Un nuevo amanecer.

A veces la noche se empeña en hacernos creer que es eterna y nunca vamos a poder volver a ver la luz del día. La niebla, la oscuridad y el frío de las penumbras acechan nuestros sueños y nuestras ilusiones, cegándonos de miedos y tristezas e impidiendo que podamos ser capaces de mirar más allá de todo lo malo que sucede, sin esperanzas de un mañana.
La negatividad, los problemas, el cansancio de luchar y luchar sin obtener resultado alguno, entre otras miles de cosas más que nos debilitan y nos dejan caer en esa frívola y desolada noche de la que tanto nos cuesta salir, se convierten en fieles amigos del infortunio. Todo es negro, no hay salida, o al menos eso es lo que uno piensa hasta que logra divisar ese pequeño destello de luz en el horizonte.
No queremos ilusionarnos, sólo vamos hacia ahí por la curiosidad y porque sabemos que ya no hay nada más que perder... Sensaciones encontradas, nuevos sentimientos surgen de la nada misma conviviendo con esos miedos y desdichas que quedan espectantes ante ese brillo que aparece. Un haz de amor, paz, alegría, felicidad, esperanza, sueños y montones de emociones que habían quedado olvidadas en aquel último día vivido vuelve a alumbrarnos el rostro.
Mis ojos sorprendidos por tanto esplendor luego de tan negra oscuridad vuelven a mostrar ese color intenso con ese brillito especial que nos da el amor. Las cosas cambian inesperadamente, nuevas aventuras emergen con el crepúsculo de una nueva mañana. Despertamos de una larga pesadilla y recobramos esa fuerza para vivir el día a día que ya creiamos perdida.
Cobardes, y sin siquiera despedirse, toda esa maldad que se ocultaba en la noche desaparece para darle paso a la luz de un nuevo amanecer...
Cuando estábamos convencidos de que ya no había más nada para hacer, cuando el dolor te había obligado a tirar la toalla y olvidarte de ser feliz, la sorpresa menos pensada irrumpe en tu vida.
Ilumina sin cesar y cada vez nos envuelve más con su reflejo.
Él es el que se encargará de limpiar todo eso que te hizo sufrir, él acudirá en tu ayuda y te dará ese calorcito que tanto necesitabas, él volverá a levantarte y te enseñará el camino a seguir para acompañarte caminando a tu lado y no abandonarte jamás. Él era el más hermoso y brillante sol que hayas visto en un amanecer. Este nuevo amanecer traia un nuevo sol, uno que jamás habías esperado conocer pero que sin conocerlo lo esperabas ansioso. No era un simple sol.
Era Mi Sol (L)