Los días iban pasando...
Él sin rumbo y desolado por sus sentimientos encontrados caminaba sin saber a dónde, como si alguien lo siguiera, paranóico y sin esperanza alguna de poder escapar.
Sin embargo, sabía que a su lado había gente caminando hacia el mismo lugar. Gente que lo ayudaba cuando se detenía o perdía la orientación hacia aquel destino que él desconocía o que le era imposible imaginar. Eran sus amigos. Esos que lo sostenían de un hombro y del otro para evitar que cayera a mitad de camino inmerso en un vacío interior.
Gracias a ellos era que él seguía día a día. Pero había algo que ellos no podían evitar ni cambiar, la incertidumble y el desgano que ese caminante cansado y sin sueños sentía. Él no se rendía pero no entendía a dónde debía llegar, ¿por qué debería seguir caminando si no tenía nada que alcanzar?, ¿qué sentido tenía seguir adelante si quizás estaba caminando por un callejón sin salida o tal vez hacia un abismo?. Silencio, mentes en blanco, preguntas sin respuesta, hojas sin escritura, pensamientos nunca dichos, textos jamás publicados, en fin... Hechos sin sentido, cuestiones existenciales.
Lo único que el pobre caminante pretendía era despreocuparse y sentarse a descansar viendo orgulloso como aquellos amigos, que eran los mejores que podría haber encontrado, caminaban y se esforzaban por alcanzar sus propios destinos. Él era feliz si ellos eran felices, anhelaba y admiraba la cálida vida que llevaban cada uno de ellos y cómo se superaban día a día, sin dejarse intimidar por obstáculos que a diferencia de ellos y salvando la distinción en los obstáculos a este caminante lo habían ganado por cansancio...
Harto de los comienzos, exhausto de volver a empezar, golpeado por enormes barricadas que se opusieron en su camino cuando todavía tenía metas y sueños visibles y posibles de alcanzar, así se encontraba el caminante. Algo había cegado sus ojos impidiendo ver sus objetivos. Hoy sólo actuaba por inercia, por impulso humano de estar vivo pero muerto en vida.
Nadie le había dicho que el camino era fácil, pero tampoco nadie le había advertido que el camino era tan pero tan difícil de caminar.
No encontraba explicaciones ni salidas, o aunque sea una piedra para echarse a descansar por un rato...
El caminante ya no tenía fuerzas y los días iban pasando...